MONOGRAFíA DE UN CARACOL
Escrito entre 1993 y 1995
IX
Ni lo humano, ni
lo cotidiano, ni la
locura...
Nada me arrancará
de tu boca, ni de
tus sienes rojas, ni de
tus dedos represivos, ni de
tu espalda tostada, ni de
tus pies amargos, ni de
tu pezón azúcar, ni de
mi jadear cotidiano, ni de
la espera mal hecha!
Ya creo que te amo,
pero así, así no puedo amarte.
XII
Viajo dialéctico, incontenible,
desesperado. Ni mi razón
logra detener la furia de tus cabellos:
enemigo y cómplice.
Juzgo tu mirada y entonces
el acto, se vuelve contra mí,
me condena, me encarcela.
Tus pechos cancerberos, resguardan
el calabozo de tu ahogo;
y no me dejan salir a descubrir
el aire blanco, de las calles
mojadas por las gotas
que arrastra tu pantalón, que
caen de tu pierna y mueren
con tu pie.
¿Destrozarlos ahora?
Ni siquiera con todas las bocas
de los sedientos surcos de tu cuerpo;
ni con todos los ojos
alterados en tus húmedos contornos,
en tus sucios cabellos.
Ni con todos ellos, pero
tampoco sin ellas.
Fúgate con aquel hombre
irrepetible, y no mires atrás
a mi hogar. Se derrumba
en sombras, en noches,
en pasados, en herejías,
bestia de los potreros, y yo
bello y loco, te deseo.
XIX
Visto desde tu oreja traviesa
el mar parece un poco
menos agresivo y salado.
Aparece más caprichoso,
erótico e inestable de lo
que fue antes de tu llegada.
Ya ni la espuma se desparrama
insolente sobre las algas
de tu pubis sabroso y esquivo.
Ven a ahogarte conmigo en
las charcas que rodean envidia
al océano gigante.
Ámame allí, entre lodo y sal.
Luego, y sólo luego,
podremos intentar el nado
infinito al abismo.
Los peces nos saludan y
las olas nos arrastran...
Ahógate a mi lado.
XXV
Qué debo hacer ahora...?
qué, no haré.
Lástima, se agotaron ya
los héroes míticos.
Lo único, quiero,
lo que mi alma busca:
es que mires mi cabello
largo y gastado por la
lluvia de otros cuerpos,
que digas que aún
no te has ido,
que esperas en la barca,
que aún no vendes el caracol
y que tu marca y tu marcha
son acompasadas al ritmo de
mi sonido y mi ruido.
No temo por mí,
temo por nosotros...
Sólo abre tu ventana y
deja que las diminutas
partículas que viajan por el
aire y que arrastra el sol,
entren en tu pieza
y jueguen con tus sábanas
ya no manchadas por
la sed de los hambrientos.
Deja que entre y se
pose en tu cabeza
y en tus cabellos ya no
mojados por el sudor represivo
y abandonado, allá lejos.
Mira mi cuerpo y reconoce
el tuyo en él.
Mira tus manos y descubre
las mías en ellas!
sólo déjate viajar, sólo
permite que deslapide
el pozo que el hombre
cerró en que me ahogaba
por tu mirada, y en donde
fui encarcelado por tu
cuerpo, por tus dos pechos,
por tu devastadora sonrisa,
por tus ojos transparentes que no
veían, que ahora ven.
Déjate llevar por el amante.
Mójate conmigo cada día
bésate conmigo
muérdete conmigo...
Camina, vamos, levanta los
ojos alargados, deja el coraz
craquelado, déjalo atrás
camina, caminemos...
caracoles.
XXIX
No soy asesino de
hombres irrepetibles.
No soy asesino de
aquellos hombres singulares.
No soy la muerte del misterio.
No soy la censura
del embrujo...
Soy, en cambio, creador;
creador de poetas,
de poetas desgarrados,
creador de hombres comunes,
cotidianos, repetidos,
feroces, delirantes, sedientos,
sudorosos, ladrones, herejes,
en fin, creador,
de hombres como el hombre
que a mi lado va.
Creador de hombres sí, delirantes,
como delirantes fueron
tus pechos en mis manos astilladas,
como delirante fuiste tú
la noche en que mis labios
mojaron tu espalda,
como la noche besos
arrancaron mi ropa y mis ojos...
mis ojos te vejaron
aún sin permiso.
Soy creador de la agonía
soy vendedor de tu plegaria,
soy hombre y en misudor... huelo a humanidad.
XXXX
Perdí tu voz en el campo de gaviotas,
las algas migrantes, los peces
imponentes, los de aquellos escondites,
ya no nos saludaron.
Vendí mi estigma y el hálito oceánico
marcó el camino de traiciones.
Jugué aquel juego macabro...
fui pan de tu cuerpo, aceite de tus
párpados, sal de tu sudor.
Me miraste una vez, me olvidaste...
Te fuiste con la lluvia y de tu
mano gélida brotaron grises
lágrimas, cuerpos culpables.
Atisbé un retorno que entre llamas
se perdió y puso mi hogar al
deslumbre, al impacto, a la soledad,
al hijo mal nacido, malgastado,
mal amado.
Tu daga envenenada de aromas
no fue certera, y la bestia huyó
mal herida, furiosa y
desangrada... murió.
Tomé la barca del Sur y corrí por
pueblos desconocidos;
tomé mis hojas polvorosas
y enloquecí.
Nadie sabrá por los
caminos que entonces
te busqué, muerto aún, sin retorno.
La parca enhiesta entonces
bailó y en canto sordo
cruzó mis manos nocturnas:
las mismas que por vez primera
te besaron.
Creí hallarte dormida en tu lecho
de alpargatas y cabellos sucios,
y te lo dije; creí amarte entre
faroles y prados.
Pero hubo una marcha embrujante
que arrastró tus labios al
puerto equivocado.
Maldecí a los hombres buenos
y me creí oculto y maltratado.
Intenté un juego,
mil noches y tu victoria.
El hombre de rizos y hechizos entonces
se marchó, y se marcharon
con él las espigas torneadas,
girantes... el embrujo.
Sé que enloquecí por las calles y
ahogué los gritos y aullidos
por vanidad.
Este es el cuento de mi pasado, de
nuestro hijo no nacido, del futuro
que aguarda en su cofre,
del amor enclaustrado
en su escafandra vedada.
Pues el poeta de los versos miró
una vez más por entre sus dedos, y
ya no bebió de la sabia añeja de
tu sudor, de tu carne, de tus pasos;
ya no escuchó más el canto dolorido
de voces lejanas, de fantasmas
rondantes, de amores sin fortuna.
Y vino el día, y con él arribó el
sol, por primera vez,
como tantas veces.
He recorrido las calles buscando tu
nombre, he regresado a casa vacío y
enloquecido, muchas más veces
de las que tú besaste mi cuerpo.
He vuelto a nacer, has vuelto a vivir.
Esta no es otra historia, no es éste
otro cuento repetido por el hombre;
no es la historia vuelta a contar.
Es sólo tu piel por fin pura, son
mis manos libres, es nuestro
canto primero.
Soy tan caracol como tú: amo.
He llegado al fin,
has conseguido otra flor,
y mañana, nuestro despertar será
desierto fértil, florido; será
camino entre selvas y hendijas.
Mañana al amanecer, estaré a tu lado,
tomaré tus párpados, besarás
mis hombros y moriremos en
hogueras el pasado.
Ya nada me mancilla la carne,
nada me arrebata tus dedos
bien hechores ni me oculta las paredes
de la gran caverna, la humedad
o la miel, la libertad, los grillos
la sal, o aquel son prohibido.
Seremos peces oceánicos de tiempos,
y animales salvajes de la tierra que
nos vio morir, que hoy en cambio,
nos alberga de vida.
Caracol, mis versos son ahora tuyos...
Fin del primer acto y del último.
Caracol, emprendamos nuestro vuelo
antes que el sol se caiga, ya
sabes que vivos estamos y que
nuestros cuerpos amados en libertad,
buscarán juntos un rincón verde y
maderos gruesos; buscarán
un rincón húmedo y de tallos
fuertes, un lugar de sombra,
de renuevo, un hogar,
un rincón de Caracol...!
Escrito entre 1993 y 1995
IX
Ni lo humano, ni
lo cotidiano, ni la
locura...
Nada me arrancará
de tu boca, ni de
tus sienes rojas, ni de
tus dedos represivos, ni de
tu espalda tostada, ni de
tus pies amargos, ni de
tu pezón azúcar, ni de
mi jadear cotidiano, ni de
la espera mal hecha!
Ya creo que te amo,
pero así, así no puedo amarte.
XII
Viajo dialéctico, incontenible,
desesperado. Ni mi razón
logra detener la furia de tus cabellos:
enemigo y cómplice.
Juzgo tu mirada y entonces
el acto, se vuelve contra mí,
me condena, me encarcela.
Tus pechos cancerberos, resguardan
el calabozo de tu ahogo;
y no me dejan salir a descubrir
el aire blanco, de las calles
mojadas por las gotas
que arrastra tu pantalón, que
caen de tu pierna y mueren
con tu pie.
¿Destrozarlos ahora?
Ni siquiera con todas las bocas
de los sedientos surcos de tu cuerpo;
ni con todos los ojos
alterados en tus húmedos contornos,
en tus sucios cabellos.
Ni con todos ellos, pero
tampoco sin ellas.
Fúgate con aquel hombre
irrepetible, y no mires atrás
a mi hogar. Se derrumba
en sombras, en noches,
en pasados, en herejías,
bestia de los potreros, y yo
bello y loco, te deseo.
XIX
Visto desde tu oreja traviesa
el mar parece un poco
menos agresivo y salado.
Aparece más caprichoso,
erótico e inestable de lo
que fue antes de tu llegada.
Ya ni la espuma se desparrama
insolente sobre las algas
de tu pubis sabroso y esquivo.
Ven a ahogarte conmigo en
las charcas que rodean envidia
al océano gigante.
Ámame allí, entre lodo y sal.
Luego, y sólo luego,
podremos intentar el nado
infinito al abismo.
Los peces nos saludan y
las olas nos arrastran...
Ahógate a mi lado.
XXV
Qué debo hacer ahora...?
qué, no haré.
Lástima, se agotaron ya
los héroes míticos.
Lo único, quiero,
lo que mi alma busca:
es que mires mi cabello
largo y gastado por la
lluvia de otros cuerpos,
que digas que aún
no te has ido,
que esperas en la barca,
que aún no vendes el caracol
y que tu marca y tu marcha
son acompasadas al ritmo de
mi sonido y mi ruido.
No temo por mí,
temo por nosotros...
Sólo abre tu ventana y
deja que las diminutas
partículas que viajan por el
aire y que arrastra el sol,
entren en tu pieza
y jueguen con tus sábanas
ya no manchadas por
la sed de los hambrientos.
Deja que entre y se
pose en tu cabeza
y en tus cabellos ya no
mojados por el sudor represivo
y abandonado, allá lejos.
Mira mi cuerpo y reconoce
el tuyo en él.
Mira tus manos y descubre
las mías en ellas!
sólo déjate viajar, sólo
permite que deslapide
el pozo que el hombre
cerró en que me ahogaba
por tu mirada, y en donde
fui encarcelado por tu
cuerpo, por tus dos pechos,
por tu devastadora sonrisa,
por tus ojos transparentes que no
veían, que ahora ven.
Déjate llevar por el amante.
Mójate conmigo cada día
bésate conmigo
muérdete conmigo...
Camina, vamos, levanta los
ojos alargados, deja el coraz
craquelado, déjalo atrás
camina, caminemos...
caracoles.
XXIX
No soy asesino de
hombres irrepetibles.
No soy asesino de
aquellos hombres singulares.
No soy la muerte del misterio.
No soy la censura
del embrujo...
Soy, en cambio, creador;
creador de poetas,
de poetas desgarrados,
creador de hombres comunes,
cotidianos, repetidos,
feroces, delirantes, sedientos,
sudorosos, ladrones, herejes,
en fin, creador,
de hombres como el hombre
que a mi lado va.
Creador de hombres sí, delirantes,
como delirantes fueron
tus pechos en mis manos astilladas,
como delirante fuiste tú
la noche en que mis labios
mojaron tu espalda,
como la noche besos
arrancaron mi ropa y mis ojos...
mis ojos te vejaron
aún sin permiso.
Soy creador de la agonía
soy vendedor de tu plegaria,
soy hombre y en misudor... huelo a humanidad.
XXXX
Perdí tu voz en el campo de gaviotas,
las algas migrantes, los peces
imponentes, los de aquellos escondites,
ya no nos saludaron.
Vendí mi estigma y el hálito oceánico
marcó el camino de traiciones.
Jugué aquel juego macabro...
fui pan de tu cuerpo, aceite de tus
párpados, sal de tu sudor.
Me miraste una vez, me olvidaste...
Te fuiste con la lluvia y de tu
mano gélida brotaron grises
lágrimas, cuerpos culpables.
Atisbé un retorno que entre llamas
se perdió y puso mi hogar al
deslumbre, al impacto, a la soledad,
al hijo mal nacido, malgastado,
mal amado.
Tu daga envenenada de aromas
no fue certera, y la bestia huyó
mal herida, furiosa y
desangrada... murió.
Tomé la barca del Sur y corrí por
pueblos desconocidos;
tomé mis hojas polvorosas
y enloquecí.
Nadie sabrá por los
caminos que entonces
te busqué, muerto aún, sin retorno.
La parca enhiesta entonces
bailó y en canto sordo
cruzó mis manos nocturnas:
las mismas que por vez primera
te besaron.
Creí hallarte dormida en tu lecho
de alpargatas y cabellos sucios,
y te lo dije; creí amarte entre
faroles y prados.
Pero hubo una marcha embrujante
que arrastró tus labios al
puerto equivocado.
Maldecí a los hombres buenos
y me creí oculto y maltratado.
Intenté un juego,
mil noches y tu victoria.
El hombre de rizos y hechizos entonces
se marchó, y se marcharon
con él las espigas torneadas,
girantes... el embrujo.
Sé que enloquecí por las calles y
ahogué los gritos y aullidos
por vanidad.
Este es el cuento de mi pasado, de
nuestro hijo no nacido, del futuro
que aguarda en su cofre,
del amor enclaustrado
en su escafandra vedada.
Pues el poeta de los versos miró
una vez más por entre sus dedos, y
ya no bebió de la sabia añeja de
tu sudor, de tu carne, de tus pasos;
ya no escuchó más el canto dolorido
de voces lejanas, de fantasmas
rondantes, de amores sin fortuna.
Y vino el día, y con él arribó el
sol, por primera vez,
como tantas veces.
He recorrido las calles buscando tu
nombre, he regresado a casa vacío y
enloquecido, muchas más veces
de las que tú besaste mi cuerpo.
He vuelto a nacer, has vuelto a vivir.
Esta no es otra historia, no es éste
otro cuento repetido por el hombre;
no es la historia vuelta a contar.
Es sólo tu piel por fin pura, son
mis manos libres, es nuestro
canto primero.
Soy tan caracol como tú: amo.
He llegado al fin,
has conseguido otra flor,
y mañana, nuestro despertar será
desierto fértil, florido; será
camino entre selvas y hendijas.
Mañana al amanecer, estaré a tu lado,
tomaré tus párpados, besarás
mis hombros y moriremos en
hogueras el pasado.
Ya nada me mancilla la carne,
nada me arrebata tus dedos
bien hechores ni me oculta las paredes
de la gran caverna, la humedad
o la miel, la libertad, los grillos
la sal, o aquel son prohibido.
Seremos peces oceánicos de tiempos,
y animales salvajes de la tierra que
nos vio morir, que hoy en cambio,
nos alberga de vida.
Caracol, mis versos son ahora tuyos...
Fin del primer acto y del último.
Caracol, emprendamos nuestro vuelo
antes que el sol se caiga, ya
sabes que vivos estamos y que
nuestros cuerpos amados en libertad,
buscarán juntos un rincón verde y
maderos gruesos; buscarán
un rincón húmedo y de tallos
fuertes, un lugar de sombra,
de renuevo, un hogar,
un rincón de Caracol...!

2 Comments:
Creo que soy un caracol, no por lo baboso.
Lei y lei y volvi a leer y creo que necesitaba leer algo así, creo que las cosas pasan por algo, creo en el karma, creo en el destino, creo en Dios, pero a mi forma. Creo. Siempre lo digo. Creo y creo, uno por crear y otro por creer. Por eso el "creo necesitar" muy probablemente sea algo que invento mi cabeza.
Quiero ser un caracol y escribir cosas asi que rimen y tengan sentido pero no que rimen y tengan sentido como todos los engendros de este mundo lo creen sino de la forma desesperada y angustiante en que suelo soñar, pensar, imaginar, de esa forma que la fisica y la literatura se mezclan y calzan de la manera más perfecta que existe.
Usted me recuerda a mi tío que estudio traducción y cuando pequeña me hablaba en frances y lo unico que me aprendi fue el himno de Francia tan solo porque lo escuchaba la melodía irrumpia todos mis sentidos, eso aún sucede hoy en día con la música.
Por si queda alguna duda soy la alumna que llegara tarde probablemente todos los sábados que quedan del año y que hará muchas preguntas tontas en clases aps no esa es Andrea [xD].
Cuidece señor Scheleff y sea muy feliz.
Dormido en la oscuridad que te abrasa,entre la rugosa palma de la tierra, insaciable vas devorando el sentido de tus pasos,que se detienen como las comas sólo para aumentar la vorágine que viene después...Hambre desde el alma que saborea lentamente y explota todos los sentidos antes de engullir hasta la última gota de sudor y desde entre la tierra y la vida refugiarse detras del brillo de tus pupilas escapando de la sal amalgamada en la puerta de la angustia de un nuevo despertar donde proféticamente vendrá el sol a delatar tus huellas.
Publicar un comentario
<< Home